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Martín Fierro

Canto XII

Hernández, José · 1872

– XII –
Yo no sé qué tantos meses
esta vida me duró,
a veces nos obligó
la miseria a comer potro-
me había acompañao con otros
tan desgraciaos como yo-.

Mas ¿para qué platicar
sobre esos males, -¿canejo?
Nace el gaucho y se hace viejo,
sin que mejore su suerte,
hasta que por hay la muerte
sale a cobrarle el pellejo.

Pero como no hay desgracia
que no acabe alguna vez,
me aconteció que después
de sufrir tanto rigor,
un amigo por favor
me compuso con el juez.

Le alvertiré que en mi pago
ya no va quedando un criollo,
se los ha tragao el hoyo,
o juido o muerto en la guerra
porque, amigo, en esta tierra
nunca se acaba el embroyo-.

Colijo que jue por eso
que me llamó el juez un día
y me dijo que quería
hacerme a su lao venir,
y que dentrase a servir
de soldao de Polecía-.

Y me largó una ploclama
tratándome de valiente,
que yo era un hombre decente,
y que dende aquel momento
me nombraba de sargento
pa que mandara la gente.

Ansí estuve en la partida
pero, ¿qué había de mandar?
Anoche al irlo a tomar
vide güena coyuntura
y a mí no me gusta andar
con la lata a la cintura.
[…]
[…]
[…]
[…]
[…]
[…]

Ya conoce pues, quien soy,
tenga confianza conmigo,
Cruz le dio mano de amigo
y no lo ha de abandonar-
juntos podremos buscar
pa los dos un mesmo abrigo.
Andaremos de matreros
si es preciso pa salvar-
nunca no ha de faltar
ni un buen pingo para juir,
ni un pajal ande dormir,
ni un matambre que ensartar.

Y cuando sin trapo alguno
nos haiga el tiempo dejao-
yo le pediré emprestao
el cuero a cualquiera lobo
y hago un poncho, si lo sobo,
mejor que poncho engomao.

Para mí la cola es pecho
y el espinazo cadera
hago mi nido ande quiera
y de lo que encuentre como-
me echo tierra sobre el lomo
y me apeo en cualquier tranquera.

Y dejo correr la bala
que algún día se ha de parar-
tiene el gaucho que aguantar
hasta que lo trague el hoyo-
o hasta que venga algún criollo
en esta tierra a mandar.

Lo miran al pobre gaucho
como carne de cogote:
lo tratan al estricote-
y si ansí las cosas andan,
porque quieren los que mandan
aguantemos los azotes.

Pucha- si usté los oyera
como yo en una ocasión,
tuita la conversación
que con otro tuvo el juez-
le asiguro que esa vez
se me achicó el corazón.

Hablaban de hacerse ricos
con campos en las fronteras-
de sacarlas más afueras
donde había campos baldidos
y llevar de los partidos
gente que la defendiera.

Todo se güelven proyectos
de colonia y carriles-
y tirar la plata a miles
en los gringos enganchaos
mientras el pobre soldao
le pelan la chaucha -¡ah! ¡viles!-.

Pero si siguen las cosas
como van hasta el presente
puede ser que de repente
veamos el campo disierto,
y blanqueando solamente
los güesos de los que han muerto.

Hace mucho que sufrimos
la suerte reculativa-
trabaja el gaucho y no arriba,
porque a lo mejor del caso,
lo levantan de un sogazo
sin dejarle ni saliva.

De los males que sufrimos
hablan mucho los puebleros,
pero hacen como los teros
para esconder sus niditos:
en un lao pegan los gritos
y en otros tienen los güevos.

Y se hacen los que no aciertan
a dar con la coyontura-
mientras el gaucho lo apura
con rigor la autoridá,
ellos a la enfermedá,
le están errando la cura.
Canto XI
Canto XIII