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Martín Fierro

Canto XIII

Hernández, José · 1872

– XIII –
Martín Fierro

Ya veo que somos los dos
astilla del mesmo palo-
yo paso por gaucho malo
y usted anda del mesmo modo
y yo pa acabarlo todo
a los indios me resfalo.

Pido perdón a mi Dios
que tantos bienes me hizo-
pero dende que es preciso
que viva entre los infieles-
yo seré cruel con los crueles-
ansí mi suerte lo quiso.

Dios formó lindas las flores,
delicadas como son-
les dio toda perfección
y cuanto él era capaz-
pero al hombre le dio más
cuando le dio el corazón.

Le dio claridá a la luz,
juerza en su carrera al viento,
le dio vida y movimiento
dende el águila al gusano-
pero más le dio al cristiano
al darle el entendimiento.

Y aunque a las aves les dio
con otras cosas que inoro
esos piquitos como oro
y un plumaje como tabla-
le dio al hombre más tesoro
al darle una lengua que habla.

Y dende que dio a las fieras
esa juria tan inmensa,
que no hay poder que las vensa
ni nada que las asombre
¿qué menos le daría al hombre
que el valor pa su defensa?

Pero tantos bienes juntos
al darle, malicio yo
que en sus adentros pensó
que el hombre los precisaba
que los bienes igualaba
con las penas que le dio.

Y yo empujao por las mías
quiero salir de este infierno-:
ya no soy pichón muy tierno
y sé manejar la lanza-
y hasta los indios no alcanza
la facultá del Gobierno.

Yo sé que allá los casiques
amparan a los cristianos,
y que los tratan de «Hermanos»
cuando se van por su gusto-
A qué andar pasando sustos…
alcemos el poncho y vamos.

En la cruzada hay peligros
pero ni aun esto me aterra-
yo ruedo sobre la tierra
arrastrao por mi destino-
y si erramos el camino…
no es el primero que lo erra.

Si hemos de salvar o no-
de esto naides nos responde,
derecho ande el sol se esconde
tierra adentro hay que tirar,
algún día hemos de llegar
después sabremos a dónde.

No hemos de perder el rumbo
los dos somos güena yunta-
el que es gaucho va ande apunta
aunque inore ande se encuentra;
pa el lao en que el sol se dentra
dueblan los pastos la punta.

De hambre no perecemos
pues según otros me han dicho
en los campos se hallan bichos
de lo que uno necesita…
gamas, matacos, mulitas,
avestruces y quirquinchos.

Cuando se anda en el desierto
se come uno hasta las colas-
lo han cruzao mujeres solas
llegando al fin con salú,
y ha de ser gaucho el ñandú
que se escape de mis colas.

Tampoco a la sé le temo,
yo la aguanto muy contento,
busco agua olfatiando al viento
y dende que no soy manco,
ande hay duraznillo blanco
cavo, y la saco al momento.

Allá habrá siguridá
ya que aquí no la tenemos,
menos males pasaremos
y ha de haber grande alegría
el día que nos delcolguemos
en alguna toldería.

Fabricaremos un toldo
como lo hacen tantos otros
con unos cueros de potro,
que sea sala y sea cocina,
¡tal vez no falte una china
que se apiade de nosotros!

Allá no hay que trabajar,
vive uno como un señor-
de cuando en cuando un malón-
y si de él sale con vida,
lo pasa echao panza arriba
mirando dar güelta el sol.

Y ya que a juerza de golpes
la suerte nos dejó aflús,
puede que allá veamos luz
y se acaben nuestras penas;
todas las tierras son güenas…
vámosnos amigo Cruz.

El que maneja las bolas,
el que sabe echar un pial;
y sentársele a un bagual
sin miedo de que lo baje,
entre los mesmos salvajes
no puede pasarlo mal.

El amor como la guerra
lo hace el criollo con canciones
a más de eso en los malones
podemos aviarnos de algo;
en fin amigo, yo salgo
de estas pelegrinaciones.
[…]
[…]
[…]
[…]
[…]
[…]

En este punto el cantor
buscó un porrón pa consuelo,
echó un trago como un cielo
dando fin a su argumento;
y de un golpe al instrumento
lo hizo astillas contra el suelo.

«Ruempo, dijo, la guitarra
pa no volverla a tentar;
ninguno la ha de tocar,
por siguro tenganló;
pues naides ha de cantar
cuando este gaucho cantó».

Y daré fin a mis coplas
con aire de relación,
nunca falta un preguntón
más curioso que mujer,
y tal vez quiera saber
cómo jue la conclusión:

Cruz y Fierro de una estancia
una tropilla se arriaron-
por delante se la echaron
como criollos entendidos,
y pronto sin ser sentidos
por la frontera cruzaron.

Y cuando la habían pasao,
una madrugada clara
le dijo Cruz que mirara
las últimas poblaciones;
y a Fierro dos lagrimones
le rodaron por la cara.

Y siguiendo el fiel del rumbo
se entraron en el desierto-
no sé si los habrán muerto
en alguna correría,
pero espero que algún día
sabré de ellos algo cierto.

Y ya con estas noticias
mi relación acabé,
por ser ciertas les conté
todas las desgracias dichas-
es un telar de desdichas
cada gaucho que usté ve.

Pero ponga su esperanza
en el Dios que lo formó,
y que me despido yo
que he relatao a mi modo,
males que conocen todos
pero que naides cantó.
FIN
Canto XII