Capítulo III
George Orwell
¡Cómo trabajaron y sudaron para hacer la cosecha! Pero sus esfuerzos valieron la pena, pues la cosecha fue un éxito mayor que el que habían esperado.
A veces el trabajo era duro; los útiles habían sido hechos para los seres humanos y no para los animales, y ello significaba que ningún animal podía usar ningún instrumento que implicara el mantenerse sobre las dos patas traseras. Pero los cerdos eran tan inteligentes que encontraban la manera de superar cada dificultad. En cuanto a los caballos, conocían cada palmo del campo, y al fin y al cabo el heno y la siega de la cosecha eran asunto suyo: sólo necesitaban supervisión. Los cerdos no trabajaban en realidad, sino que dirigían y supervisaban a los demás. Con sus superiores conocimientos era natural que asumieran el mando. Boxeador y Trébol se enganchaban al segador o a la rastrilladora (no hacían falta bridas ni riendas entonces, naturalmente) y marchaban resueltos alrededor del campo mientras los cerdos andaban detrás y daban las instrucciones. Boxeador era el maravilloso animal de la granja. Todo el mundo le admiraba. Incluso Benjamín, el cínico, parecía estar algo más animado de lo habitual, aunque se guardaba muy mucho de dar su opinión sobre nada: era un animal grande e inteligente, con una crin que le llegaba hasta los ojos, y si alguna vez decía algo era para hacer algún comentario cínico como que el trabajo acababa igual de bien si se hacía sin tanto entusiasmo.
Cuando la primera cosecha estaba a punto, toda la atención de los animales se concentró en llevarla a cabo. Las jornadas de trabajo eran largas; los animales estaban agotados. Pero la moral estaba alta. Con frecuencia cantaban "Bestias de Inglaterra" mientras trabajaban.
La cosecha fue mayor que en cualquier año que pudieran recordar bajo el régimen de Jones. No hubo pérdidas. Las gallinas y los patos, con sus picotazos certeros, recogieron hasta el último grano. Y ningún animal de la granja robó la cantidad más mínima para sí mismo. A lo largo de aquel verano no se habló de propiedad privada.
La organización de la granja estaba bien dispuesta. Los animales más inteligentes se especializaron en las tareas más adecuadas para ellos. Los cerdos tenían a su cargo la dirección. Bola de Nieve fue también muy activo en la organización de las demás actividades de los animales. Se formaron comités para casi todo: el Comité de Producción de Huevos para las gallinas, la Liga de Colas Limpias para las vacas, el Comité de Reordenación para los caballos, la Liga de Animales Salvajes (cuyo objeto era domesticar a las ratas y a los conejos), la Sociedad de Lana Limpia para las ovejas, y más. Además de estas actividades, Bola de Nieve anunció que habría clases de lectura y escritura para todos.
Durante el otoño, Bola de Nieve y Napoleón crearon un programa de instrucción que se enseñaría en clases de lectura y escritura. El resultado fue variado. Los cerdos aprendieron leer y escribir perfectamente. Los perros aprendieron bastante bien a leer, pero no les interesaba leer nada excepto los Siete Mandamientos. Marieta no pudo aprender más que seis letras, pero sí aprendió a unirlas para deletrear su propio nombre "MARIETA". Benjamín podía leer tan bien como cualquier cerdo, pero nunca hacía uso de esa capacidad. Decía que no sabía de nada que valiera la pena leer. Boxeador no podía ir más allá de la letra D. Trazaba A, B, C, D con la pezuña en la tierra, y luego se quedaba mirando las letras con sus grandes ojos, moviendo las orejas, haciendo todo el esfuerzo posible para recordar qué venía después, y no era capaz. En varias ocasiones aprendió E, F, G, H, pero para cuando las había aprendido normalmente se le había olvidado A, B, C, y D. Al final decidió contentarse con las primeras cuatro letras y acostumbró a trazar A, B, C, D una o dos veces al día para refrescar su memoria. Trébol aprendió el alfabeto entero pero nunca pudo unir las letras. Los demás animales —las gallinas, los patos, los conejos— no podían ir más allá de la letra A. También se descubrió que los animales más tontos, como las ovejas, los pollos y los patos, no podían aprenderse los Siete Mandamientos de memoria. Tras larga deliberación, Bola de Nieve declaró que los Siete Mandamientos podían ser resumidos en un solo lema: "Cuatro patas bueno, dos patas malo". Decía que éste encerraba el principio esencial del Animalismo. Quien lo tuviera bien comprendido estaría a salvo de las influencias humanas. Las ovejas, en especial, se apodaron del lema y en los momentos en que no había nada más que hacer solían echarse por el campo todas juntas balando "¡Cuatro patas bueno, dos patas malo! ¡Cuatro patas bueno, dos patas malo!" durante horas seguidas, sin cansarse nunca.
Napoleón no tenía ningún interés en los comités de Bola de Nieve. Decía que la educación de los jóvenes era más importante que lo que se pudiera hacer para los adultos. Poco después del destete de Jessie y de Manchas tuvo lugar una camada de nueve cachorros robustos. Tan pronto como estuvieron destetados, Napoleón los apartó de sus madres, diciendo que se encargaría personalmente de su educación. Los llevó arriba, a un granero de heno al que sólo se llegaba por una escalera desde el granero principal, y los mantuvo allí en un aislamiento tan completo que el resto de la granja pronto los olvidó.
El misterio de la leche fue pronto resuelto. Era mezclada cada día con la comida de los cerdos. Las primeras manzanas estaban madurando, y la hierba del huerto estaba sembrada de manzanas caídas. Los animales habían dado por hecho que éstas serían repartidas equitativamente. Un día se dio la orden de que todas las manzanas caídas del suelo fueran recogidas y llevadas al almacén del arnés para uso de los cerdos.
—¡Camaradas! —exclamó Chillón—. ¡No supongáis que en esto hay egoísmo o privilegio! Muchos de nosotros en realidad no nos gustan las manzanas. Yo personalmente no las aprecio demasiado. Hacemos esto por vuestro bien. La leche y las manzanas —esto ha sido demostrado por la ciencia, camaradas— contienen sustancias absolutamente necesarias para el bienestar de un cerdo. Nosotros, los cerdos, somos los trabajadores del cerebro. Toda la organización y la gestión de esta granja depende de nosotros. Día y noche velamos por vuestro bienestar. Es por vuestro bien que bebemos esa leche y comemos esas manzanas. ¿Sabéis qué pasaría si fracasásemos en nuestro deber? Jones volvería. Sí, Jones volvería. Con toda seguridad, camaradas, no queréis que Jones vuelva.
Los animales no hicieron ninguna objeción ante este argumento, y fue acordado que las manzanas, así como la leche, serían reservadas exclusivamente para los cerdos.