Los negros candomberos cantaban improvisando rimas olvidables, recordando al héroe que nunca fue símbolo del lumpen. Cuatro negras por compás, marcando el silencio en la conga y sincopando el repique. El arrabal dejó de existir envuelto en el alcohol de llamas azules, mal quemadas. Las sombras danzan mientras sufren las convulsiones del final, del amanecer, acompañando el eterno entierro nocturno sin la gloria de los tiempos pasados y salmodian alejándose del carnaval para volver a ser el alma del sabalaje.
Fernando Negroni no ha muerto,
aunque en su moreno cuerpo
sobresalga una daga plateada.
La vida le dio todo, la muerte, nada…. La vida le dio todo, la muerte, nada….