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Martín Fierro

Canto VIII

Hernández, José · 1872

– VIII –
Otra vez en un boliche
estaba haciendo la tarde,
cayó un gaucho que hacía alarde
de guapo y de peliador-.

A la llegada metió
el pingo hasta la ramada-
y yo sin decirle nada
me quedé en el mostrador.

Era un terne de aquel pago
que naides lo reprendía,
que sus enriedos tenía
con el Señor Comendante-:

Y como era protejido,
andaba muy entonao,
y a cualquiera desgraciao
lo llevaba por delante.

¡Ah! ¡pobre! si él mismo creiba,
que la vida le sobraba,
ninguno diría que andaba
aguaitándolo la muerte-.

Pero ansí pasa en el mundo,
es ansí la triste vida-
pa todos está escondida,
la güena o la mala suerte.

Se tiró al suelo, al dentrar
le dio un empeyón a un vasco-
y me alargó un medio frasco
diciendo «beba cuñao»
-«Por su hermana» contesté,
«que por la mía no hay cuidao».
-«¡Ah! gaucho, me respondió,
»¿de qué pago será criollo?-.
»¿Lo andará buscando el hoyo?-
»¿deberá tener güen cuero?-
»pero ande bala este toro
»no bala ningún ternero».

Y ya salimos trensaos
porque el hombre no era lerdo-
mas como el tino no pierdo,
y soy medio lijerón,
le dejé mostrando el sebo
de un revés con el facón.

Y como con la justicia
no andaba bien por allí,
cuando pataliar lo vi,
y el pulpero pegó el grito,
ya pa el palenque salí
como haciéndome chiquito.

Monté y me encomendé a Dios
rumbiando para otro pago-
que el gaucho que llaman vago
no puede tener querencia,
y ansí de estrago en estrago
vive llorando la ausencia.

Él anda siempre juyendo,
siempre pobre y perseguido,
no tiene cueva ni nido
como si juera maldito-
Porque el ser gaucho… barajo,
el ser gaucho es un delito.

Es como el patrio de posta
lo larga éste, aquél lo toma-,
nunca se acaba la broma-
dende chico se parece
al arbolito que crece,
desamparao en la loma.

Le echan la agua del bautismo
aquel que nació en la selva,
«busca madre que te engüelva»
le dice el flaire y lo larga,
y dentra a cruzar el mundo
como burro con la carga.

Y se cría viviendo al viento
como oveja sin trasquila-
mientras su padre en las filas
anda sirviendo al Gobierno-
Aunque tirite en invierno
naide lo ampara ni asila.

Le llaman «gaucho mamao»
si lo pillan divertido.
Y que es mal entretenido
si en un baile lo sorprienden;
hace mal si se defiende
y si no, se ve… fundido.

No tiene hijos, ni mujer
ni amigos, ni protetores,
pues todos son sus señores
sin que ninguno lo ampare-.
Tiene la suerte del güey-
y dónde irá el güey que no are.

Su casa es el pajonal,
su guarida es el desierto-;
y si de hambre medio muerto
le echa el lazo a algún mamón
lo persiguen como a plaito
porque es un gaucho ladrón.

Y si de un golpe por ay
lo dan güelta panza arriba
no hay un alma compasiva
que le rece una oración-
tal vez como cimarrón
en una cueva lo tiran.

Él nada gana en la paz
y es el primero en la guerra-
no le perdonan si yerra
que no saben perdonar-,
porque el gaucho en esta tierra
sólo sirve pa votar.

Para él son los calabozos,
para él las duras prisiones-
en su boca no hay razones
aunque la razón le sobre,
que son campanas de palo
las razones de los pobres.

Si uno aguanta, es gaucho bruto-
si no aguanta es gaucho malo-
¡Dele azote, dele palo!
¡porque es lo que él necesita!-.
De todo el que nació gaucho-
ésta es la suerte maldita.

Vamos suerte, vamos juntos
dende que juntos nacimos-
y ya que junto vivimos
sin podernos dividir…
yo abriré con mi cuchillo
el camino pa seguir.
Canto VII
Canto IX